Pablo Neruda recuerda a Federico

(…) Me acuerdo ahora de uno de sus recuerdos. Hace algunos meses salió de nuevo por los pueblos. Se iba a representar Peribañez de Lope de Vega, y Federico salió a recorrer los rincones de Extremadura para encontrar en ellos los trajes, los auténticos trajes del S.XVII que las viejas familias campesinas guardan todavía en sus arcas. Volvió con un cargamento prodigioso de telas azules y doradas, zapatos y collares, ropajes que por primera vez veía la luz en siglos. Su simpatía irresistible lo obtenía todo. Una noche en una aldea de Extremadura, sin poder dormirse, se levantó al aparecer el alba. Está todavía lleno de niebla el duro paisaje extremeño. Federico se sentó a mirar crecer el sol junto a algunas estatuas derribadas. Eran figuras de mármol del S.XVIII y el lugar era la entrada de un señorío feudal, enteramente abandonado, como tantas posesiones de los señores españoles. Miraba Federico los torsos destrozados, encendidos en blancura por el sol naciente, cuando un corderito extraviado de su rebaño comenzó a pastar junto a él. De pronto cruzaron el camino cinco o siete cerdos negros que se tiraron sobre el cerdo y en unos minutos, ante su espanto y su sorpresa, lo despedazaron y devoraron. Federico, presa de miedo indecible, inmovilizado de horror. Miraba los cerdos negros matar y devorar al cordero entre las estatuas caídas, en aquel amanecer solitario. Cuando me lo contó al regresar de Madrid su voz temblaba todavía porque la tragedia de la muerte obsesionaba hasta el delirio su sensibilidad de niño. Ahora su muerte, s u terrible muerte que nada nos hará olvidar, me trae el recuerdo de aquel amanecer sangriento. Tal vez aquel gran poeta, dulce y profético, la vida le ofreció por adelantado, y en símbolo terrible, la visión de su propia muerte”. (Pablo Neruda)

  • San Bruno, Berrueta y Luis Mariscal

    «Impresiones y Paisajes»

    En abril de 1918 ve la luz en los escaparates de las librerías de Granada “Impresiones y Paisajes”. Don Federico, padre del autor – Federico García Lorca- costea la publicación de este primer libro del joven poeta. Sería su último libro publicado en prosa.

    El encargo fue realizado al taller impresor de D. Paulino Ventura Traveset quien también comenzó a trabajar la impresión de litografías por lo que allí así mismo se imprimió la portada, la cual fue obra del también joven artista Ismael González de la Serna; amigo de Federico y a quien le consideraba casi un genio. Se desconoce el número exacto de ejemplares que salieron de la imprenta, pero no hay duda de que sería un número muy reducido, algo frecuente en aquella época entre los autores jóvenes y noveles. La presentación y lectura del libro se celebró en el Centro Artístico de Granada.

    El escenario estaba preparado para lo que se convirtió en una experiencia un poco dulce y bastante amarga para el escritor… de hecho, a lo largo de su vida intentó “echar balones fuera” en lo relacionado con el libro, el cual tardó muy poco en ser retirado de las librerías.

    Como todos sabemos, “Impresiones y paisajes” es el resultado de poner voz a las impresiones que los viajes realizados entre 1916 y 1917 por España (Madrid, El Escorial, Ávila, Medina del Campo, Salamanca, Zamora, Astorga, Ourense, Redondela, Santiago de Compostela, Venta de Baños, Burgos, Segovia. Y el año anterior Úbeda, Baeza, Córdoba y Ronda) le produjeron. Una suerte de cuaderno de viaje que narraba las excursiones organizadas por el catedrático Don Martín Domínguez Berrueta junto con un muy reducido grupo de alumnos con excelencia en sus calificaciones académicas. El sistema era el impulsado por la Institución Libre de Enseñanza y su influencia krausista.

    Los sinsabores comenzaron con la dedicatoria, que en lugar de ser para su mentor Berrueta, García Lorca se lo dedicó de forma hermosa a su recién fallecido profesor de Música, Don Antonio Segura Mesa. Sin duda este acto, aunque legítimo y no exento de gratitud tuvo que sentar a cuerno quemando a su mentor y a sus compañeros. Que, por cierto, en la dedicatoria Federico da la impresión de que ellos le acompañaban a él en su viaje, no que fueran unos iguales… No podemos obviar que el padre del poeta fue generoso en su aportación para que viajara Federico.

    La temperatura sigue subiendo cuando la prensa granadina desde la influencia de la burguesía conservadora y la iglesia escribe cosas como: “Portada tristona de ruinosa ermita, lúgubre claustro de convento añoso…” Y en cuanto al contenido del libro: “Todo es bueno en Impresiones y Paisajes; todo menos ciertas desnudeces innecesarias y cierta literatura a fuer de modernista nos resulta insoportable… ¡Qué lástima!

    Para un joven provinciano y sensible estas reseñas no le tuvieron que causar una buena impresión, primero porque apenas tenía veinte años, segundo, su padre costeó la edición por lo que era una responsabilidad ante él; una apuesta ante el dilema del camino que seguirían sus vocaciones. En tercer lugar, el joven Federico era conocido como un pianista más que correcto, intentando su viejo maestro que su padre le enviase a Paris a estudiar en profundidad musica: “Si yo no he tocado las nubes, no quiere decir que las nubes no existan” …

    La situación se complica aún más con una oscura anécdota que persiguió a Lorca durante su vida:

    Dominguez Berrueta escribió un artículo en la revista española “La esfera” con fecha 25 de agosto de 1917 donde refiriéndose a la escultura de San Bruno de la Cartuja de Miraflores en Burgos, obra del escultor portugués Pereira, narró:

    (…) Hay en Miraflores muchas obras de arte, de las que no quiero decir nada hoy.

    Está en una de las capillas agregadas a la parte de la izquierda, en la iglesia, la asombrosa escultura tallada por el portugués Pereira: San Bruno. Es una creación de estupendo realismo.

    No sería así San Bruno; pero así es por obra y gracia del arte, así debió de ser. Si fuera posible y vinieran al mundo sus compañeros de la Universidad de París, los amigos de San Bruno, y viendo la escultura de Pereira no lo conocieran, el triunfo del escultor sería glorioso.

    La creación genial es cosa más grande que “lo parecido al retrato” … Acertar en el siglo XVII con la mirada y con el gesto de un creador de espíritus, de un valeroso del ascetismo, plenitud de hombría; dar vida corporal a un idealismo religioso con raíces en lo más hondo del arcaísmo litúrgico y cristiano… es inmensamente superior, y de valía sin tasa, a copiar una cabeza del natural y que no dé otra impresión que la de un “está hablando”

    (…)

    No pueden ser la cabeza de San Bruno ni su cara de un infantilismo piadoso, ni las retrato” … divinamente emboladas de un extático, ni tener las vulgares expresiones de cualquier santo fundador a la vista de un modelo de un fraile jovencito, temeroso, cándido o tonto.

    Hay que das a Pereira la gloria, él ha hecho la cabeza de San Bruno. Es difícil decir, describiéndolo con palabras, más de lo que dice, a quien sepa leer y oír, la obra de arte.

    (…)

    Para muchos que conozcan la escultura de Pereira, será una revelación la fotografía escarzada, ampliando la hermosa expresiva cabeza. Está diciéndolo todo; es una iluminación de la vida interior, puesta en aquellos ojos y en aquella faz severa y dulce, de luchador y de ungido.

    (…)

    Estas obras maestras, geniales, son las más habladoras, las que dicen más. Y en la de Pereira, ni la regla cartujana ha podido imponer a San Bruno la mudez; es el verbo del silencio.

    (…)

    Cuando Federico, con referencia a la misma escultura, presenta a sus amigos de la tertulia del Rinconcillo el escrito inicial, muy en la línea elogiosa de su maestro, tuvo que enfrentarse a la mofa de José Mora Guarnido, al cual la figura del catedrático Dominguez Berrueta le provocaba antipatía; si no tanto por lo personal, sí ideológicamente, ya que el sabio maestro era bastante conservador en sus ideas (Unamuno y Berrueta guardaban las distancias pero se respetaban por lo tercos y viscerales que eran ante la defensa de sus ideas, también muchas veces diferentes las de uno y otro. Por ejemplo, Unamuno defendía “españizar” Europa, mientras que Berrueta buscaba impregnar a España de Europa).

    La poca cordialidad de Mora Guarnido hacia Berrueta quedó clara en las líneas que le dedica en su obra “Federico García Lorca y su mundo” publicada décadas después de esta anécdota.

    García Lorca se dejó influir por las opiniones jocosas de su amigo, y modificó el texto que hablaba de San Bruno en el capítulo dedicado a La Cartuja de Miraflores. Modificación que apareció en la versión definitiva de su primer libro “Impresiones y paisajes”:

    (…) Después de haber visitado la iglesia, el monje venerable me llevó a contemplar una imagen de San Bruno, colocada en un detestable altarito situado en una capilla reservada (…)

    Indudablemente la escultura está bien hecha, pero ¡Qué poca expresión! ¡Qué actitud de eterna teatralidad! El santo del silencio y de la paz mira al crucifijo que lleva en las manos con aire indiferente, como si mirara otra cosa cualquiera. Ni el sufrimiento espiritual, ni la lucha con la carne, ni la locura celestial aparecen grabadas en el santo de la efigie.

    Es un hombre… cualquiera que haya pasado cuarenta años en el mundo tiene el sello mismo del sufrimiento vulgar… estamos en España soportando una serie insoportable de esculturas ante las cuales los técnicos se extasían, pero que no poseen en sus actitudes, en sus expresiones, un momento de emoción. Son modelos admirablemente retratados y a veces admirablemente policromados… pero qué lejos está el alma del personaje del teatro.

    (…)

    Este santo tiene la rudeza de un patán, la fortaleza de un castellano pueblerino, me hace la impresión del retrato de un pobre lego antiguo, de esos que repartían la sopa boba por las tardes rodeado de una turba de pobres envejecidos por el hambre.

    Pobre idea del pobre señor Pereira, que imaginó al Bruno loco del misticismo reposado y doloroso como un hombre vulgarísimo, después de haber comido y discreteado un poco… Desdichada imaginación del señor Pereira (…)

    A esta estatua de San Bruno, tan cacareada por sabios y no sabios, únicamente observé, mejor, le puse toda la indiferencia cartujana.

    Bien es verdad que el autor no quiso hacer la estatua indiferente, pero así me resultó a mí.

    (…)

    Y así sucedió que cuando Federico García Lorca se presentó en casa del catedrático, éste se dice, le echó de su casa de malas maneras, ofendido por su texto y por el poco tacto que había tenido con sus compañeros. A los que de forma muy breve citaba al final de la obra, junto al catedrático.

    Lorca, parece que no se dio por aludido y se dedicó a criticar al catedrático por Granada. Además, no se volvió a presentar a sus clases aún siendo sus exámenes muy fáciles de aprobar, ya que siempre hacía las mismas preguntas.

    CAPITALISTA Y POETA POR SPORT.

    Y es por entonces cuando aparece otro personaje en el culebrón. Se trata del brillante Luis Mariscal Parado. Compañero de Federico y Francisco García Lorca que desde niños fueron juntos al Instituto Padre Suárez, y de joven, compañero en la Facultad de Federico. Alumno más que brillante (Más de venticinco matrículas de honor tanto en la escuela como en la facultad), predilecto de Dominguez Berrueta, muchacho de confianza que solucionó por su brillantez bastantes papeleos a don Federico, el padre del poeta, y compañero de los viajes organizados por el catedrático, antes incluso de la aparición en ellos de García Lorca.

    Pues resulta que Luis Mariscal con una prosa adecuada llevaba lo que podemos llamar un cuaderno de viajes en el que describía los lugares por los que pasaban, siendo publicados. No es difícil averiguar lo que viene ahora… Eso es; Luis Mariscal y los demás compañeros del viaje (uno de ellos se lo confesó a Ian Gibson), acusaron a Federico García Lorca de plagio; de haber plagiado a su compañero Luis Mariscal. El enfado de Mariscal fue apoteósico definiendo a Federico como “capitalista y poeta por sport”.

    Es más, según el ofendido, y como registra el investigador Juan Luis Tapia, «Mariscal se sentía con pleno derecho el cronista en prensa de aquellos viajes en los que García Lorca, era un mero admirador al piano, pues ni siquiera participaba en las lecturas poéticas, que corrían a cargo del alumno predilecto»…*

    Si bien es cierto que la sangre no llegó al río, ya que siguieron siendo amigos y compañeros de la tertulia del Rinconcillo, no sucedió lo mismo con su maestro y mentor Dominguez Berrueta.

    El catedrático murió en 1920 a los 51 años de edad, manteniendo un gran cariño por Federico, pero sin que se arreglara el malestar ocasionado.

    En este apartado hay que aseverar que si bien existen coincidencias entre ambos «cronistas», los estilos son diferentes y que prácticamente comparten el tema o escenario sobre el que ejercitan la pluma, ya que los escritos de Luis Mariscal son correctos, pero realizan una labor que se podría etiquetar como académica, mientras que García Lorca desarrolla una prosa con un fuerte lirismo, buscando la belleza en la expresión. Un defiende el contenido, el otro embellece el continente.

    Luis Dominguez Vidal, hijo de Berrueta, fue muy consciente de ese cariño que le tuvo en vida su padre, y en 1932 estando Federico en Salamanca junto a Rafael Martínez Nadal y Carlos Morla Lynch, y enterarse de que, en el antiguo Teatro Moderno, iba a presentar su conferencia “Arquitectura del Cante Jondo”, asistió.

    Parece que se saludaron al final, se abrazaron; Luis Dominguez le confirmó el cariño que siempre le tuvo su mentor, y Federico triste le confirmó el suyo, que nunca olvidó lo que ocurrió y quien fue el responsable de su nefasto modo de actuar.

    Tarde, pero se cerró el ciclo, y Federico tuvo que cargar con ese peso toda su vida (“(…) Había recorrido España con mi profesor y gran amigo, a quien tanto debo, Dominguez Berrueta. (…)”)

    CODA

    Para finalizar estos sucesos y, dejando muchos detalles sin presentar, la vida de Luis Mariscal a pesar de su brillantez intelectual y desarrollar una carrera diplomática en diferentes países, falleció en una remota población de Chile el 11 de julio de 1941 tras una carrera mediocre, por no decir nula como diplomático representante de la República hasta ser apartado de ella por el régimen franquista.

    Su segunda esposa, María Goergescu, sí realizó una ardua labor a favor de la Republica intentando captar para la causa a periodistas.

    Un último rumor que podría haberle hecho célebre fue que ayudó a varios judíos en Tsalónica de la maldad nazi, pero fue eso, un rumor falso como se demostró en su expediente diplomático investigado por Juan Luis Tapia y el diario “Granada Hoy” en 2011.

    Es Luis Mariscal, una más de las personas que son objeto de estudio por su relación con Federico García Lorca.

    ¿Cuántas personas son hoy estudiadas y divulgadas gracias a su relación con Federico García Lorca?

    Es digno de lectura el libro “El Gran viaje de estudios de García Lorca; Luis Mariscal Parado “editado por Alvarellos con los textos y documentación de Henrique Alvarellos Casas, Juan Luis Tapia y Carla Fernández Martínez. Esta obra contiene los textos del viaje de Luis Mariscal y son un documento de estudio inapreciable para la comparación con Impresiones y Paisajes, además de contener correspondencia e imágenes privilegiadas.

    *NOTA:

    Tomando las notas publicadas por Ian Gibson en una revista filológica francesa en los años sesenta, FGL ya había publicado «algo» antes de «Impresiones y paisajes»:

    ‘-«Fantasía simbólica» ; Boletin del Centro Artístico Literario de Granada ; febrero de 1917

    -«Notas de estudio. La ornamentación sepulcral» ; Diario de Burgos ; 31/07/1917

    -«San Pedro de Cerdeña. Paisaje» Diario de Burgos ; 03/08/1917

    -«Las monjas de las Huelgas» Diario de Burgos ; 07/08/1917

    -«Las reglas de la música» Diario de Burgos ; 18/08/1917

    -«Mesón de Castilla» Diario de Burgos ; 22/08/1917

    -«Impresiones del viaje. Santiago» Letras, Revista decenal, Granada 10/12/1917

    -«Impresiones del viaje II. Baeza: La ciudad» Letras ; 30/12/1917

    Fuentes consultadas:

    Revista la esfera

    Juan Luis Tapia

    Diario de Granada

    Entrevista a FGL por Ernesto Giménez Caballero “Itinerarios jóvenes de España: Federico García Lorca. “la Gaceta Literaria”; 15 de diciembre de 1928

    Fundación FGL

    “Con Federico García Lorca”; Carlos Morla Lynch.

    “El Gran Viaje de García Lorca” ; Ed. Alvarellos.

    Fundación Miguel de Unamuno (Salamanca)

    Ian Gibson

    Documentos y notas propias.